Si te sientes sin rumbo, es que aún no has encontrado tu propósito

Casi todos los días me escribe alguien en Linkedin solicitándome ayuda para encontrar empleo.

Les escucho (leo) atentamente para poder conocer cuál es la verdadera cuestión de fondo por la que me contactan, pues no siempre es la misma, aunque lo parezca a primera vista.

Cuando las personas piden ayuda, de fondo hay sentimientos de impotencia, frustración y, en muchas ocasiones, baja autoestima.

La frustración es la emoción que menos me gusta, por lo que comprendo perfectamente a las personas cuando están en una fase en la que parece que nada sale adelante. La frustración es una mezcla entre ira, impaciencia y desesperación. Todo junto forma un cóctel molotov que puede explotar en cualquier momento y de cualquier forma. Desde escribir a una desconocida en Linkedin hasta estallar en llanto a solas o de forma explosiva ante el más mínimo inconveniente cuando vas al supermercado.

La frustración se suele cocer lentamente, casi sin darte cuenta. Crece cada vez que recibes un NO, cada vez que tus expectativas no se cumplen o que te encuentras un nuevo obstáculo. 

Te entiendo. Mucho. Ahora, una vez que llegas hasta aquí, el siguiente paso es actuar. La mejor forma de evitar la frustración es actuar para conseguir tu propósito. ¿Tienes claro cuál es? Si no es así, ponte manos a la obra.

tu propósito
Para encontrar tu propósito debes hacerte tres preguntas:
  1. ¿Qué es lo que realmente te apasiona? Piensa en aquello que te gusta de verdad. Eso que harías aunque nadie te pagara por ello y que hace que el tiempo te pase volando.
  2. ¿Qué es lo que sabes hacer bien? No me refiero a cuestiones muy concretas como cocinar, poner papel pintado en las paredes o desarrollar código. Me refiero a tus habilidades más internas: trabajar con las manos, inventar máquinas nuevas, aterrizar conceptos complejos en realidades, motivar a otras personas, cumplir los plazos de forma rigurosa, no olvidar ningún detalle, etc. Es especialmente importante pedir ayuda a personas que te conocen bien en esta pregunta. Incluso te sorprenderás con sus respuestas. 
  3. ¿Qué es lo que te da dinero? ¿Cuáles son las fuentes de ingresos en las que sueles pensar? Tampoco lo pienses en forma de “mi nómina en la empresa”, sino más bien, en cuál es la actividad principal por la que te pagan.

Pon cada una de estas preguntas en un folio aparte y piénsalas por separado. Dedica el tiempo que necesites y no te cortes. Ahora es el momento de dejar libre tu mente y pensar a lo grande.

Una vez que termines la tarea anterior, coge una nueva hoja de papel y ponla en el centro de las anteriores, formando una flor. Revisa todo lo que has apuntado hasta este momento y anota las ideas que tienen relación con las tres preguntas anteriores.

De esa última página, la cuarta, saldrá tu propósito. Date tiempo, no se hace en 3 segundos. Puede que tardes horas, días o incluso semanas.

Yo tardé tiempo en descubrir cuál era mi propósito porque no hice ningún ejercicio concreto. No los conocía, así que fui avanzando “sobre la marcha”. Eso hace que el proceso sea más lento y que la sensación de ir dando tumbos sea mayor. Pero, ¿sabes qué? Que lo importante es llegar a él y trabajarlo a fondo a partir de ahí.

No conozco mejor remedio contra la frustración, que tener un propósito potente al que recurrir

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