El trabajo de tu vida no tiene que ser vocacional

“Es que a mí no me gusta tanto mi trabajo como a ti el tuyo” me dijo una conocida hace un par de años. “Bueno, no es tanto una cuestión de que me guste, sino más bien de ponerle actitud” le respondí. “Ya, pero tienes vocación por el mundo de las ventas y yo no”, – afirmó mi interlocutora sin saber que yo, en realidad, me había especializado en arqueología- .

“Yo es que no sé qué quiero hacer, no sé si me gusta mi trabajo” me comentó el hermano de una amiga comenzando su andadura en el mundo laboral. “A mí me pasa lo mismo, no sé si esta es mi vocación o mi vocación es otra cosa” añadió su novia, de la misma edad.

“Os voy a decir una cosa, les respondí, la mayoría de la gente no tiene un trabajo vocacional y aún así disfrutan y aman lo que hacen; es todo cuestión de actitud y de ir direccionando vuestros talentos hacia un área en la que podáis brillar y desarrollarlos”. Se quedaron pensativos, como si les estuviera diciendo algo subversivo; “pero entonces, ¿no tienes que encontrar tu vocación en la vida?”.

Días más tarde, tomando café con un amigo, este me comentó: “Tengo 35 años y todavía no sé si lo que hago es lo que más me gusta”. “Yo tampoco – le respondí – pero es que me encanta y disfruto mucho sin saberlo, porque hace que pruebe cosas diferentes, que me enfrente a retos y crezca profesional y laboralmente”. Ambos nos miramos y comenzamos a reírnos; “me pasa lo mismo, creo que mi vocación es precisamente no tenerla.

No hace falta tener una vocación para disfrutar realmente de tu trabajo.

Creo que, la mayoría de nosotros, no queríamos ser de mayores, no lo que somos, sino lo que hacemos actualmente; también en muchos casos por desconocimiento. ¿Os imagináis las escenas? “Mar, ¿qué quieres ser de mayor?” y la Mar de 5 añitos respondiendo “¿Yo? Business Developer” o “Julia, ¿qué quieres ser de mayor?” y Julia respondiendo con sus 6 añitos “Employer branding”.

Nos han vendido y hecho creer, de alguna forma, sobre la necesidad de tener un sueño, una meta más grande que nosotros mismos, casi siempre dentro del mundo laboral; una vocación que desarrollemos y cuya realización nos haga ser felices para siempre. El caso es que, desde mi experiencia, no hace falta tener las cosas tan claras; por supuesto está genial que, si se tienen, se luche por alcanzar esa meta; pero para el común de los mortales es difícil encontrar ese gran sueño porque, posiblemente, no exista, y os diré una cosa, es maravilloso que así sea.

“No pasa nada, lo mismo vuestra vocación es disfrutar del camino” Les dije al hermano de mi amiga y a su novia. “Concentraos en las pequeñas metas cotidianas, disfrutad aprendiendo, intentad probar cosas nuevas y marcaos pequeños retos a medio plazo. No es necesario tener desde el principio una gran idea o un gran sueño para realizarse a nivel laboral y vital”. Respiraron aliviados, como si les hubiera quitado un gran peso de encima.

Coge tus talentos, desarróllalos y explora otros nuevos.

No tener una meta clara no quiere decir que estemos perdidos, ¡todo lo contrario!, hace la vida, el camino, más interesante.

El arcoíris tiene 7 colores porque uno solo era demasiado aburrido 😉

#estamoshechosdehistorias

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